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Había escogido el restaurante de un hotel de moda y una mesa con mantelería de color rojo intenso, el mismo que tenía la vela que estuvo ardiendo durante todo el ágape. El menú no le iba a la zaga: ostras, marisco y platos con pizcas de pimienta regados con buenos vinos blancos de aguja. La billetera de Javier era poderosa. Luego unos postres aderezados con chocolate fundido y por si fuera poco un grupo de mariachis acompañaba a la pareja en sus suspiros de amor, en su deseo en su pasión.
Los besos acalorados en la sobremesa con las tazas de café ya vacías y las copas de licor consumidos fueron el preámbulo perfecto para una noche que se presumía larga, muy larga. Ella lucía un vestido negro y ajustado con escote generoso por arriba y por los laterales que invitaba a no pasar desapercibido para nadie. Dijo que tenía que ir un momento al baño a arreglarse un poco.
- Arréglate en la habitación. Pago y subimos ya.
- No prefiero este baño aquí en la planta. Quiero darte una sorpresa. Paga y sube tú primero. Que enseguida subo yo.
Él le hizo caso. Cumplió el trámite y subió para la habitación. Era el sitio ideal para tener una aventurilla sin que su mujer se enterase. Merecía la pena. Y las cinco estrellas del Hotel habían sido justamente otorgadas. Para ganar tiempo se quitó los zapatos y los pantalones quedándose en camisa. Abrió la maleta y se roció con su colonia favorita. Se embadurnó con un desodorante que anunciaban por televisión y parecía que volvía locas a las féminas. Se quitó el resto de la ropa quedándose en calzoncillos, unos boxers de lycra que ya dejaban entrever lo inquieto y anhelante que se encontraba su miembro. Dispuso todo para una noche de loca corriendo cortinas y apagando las luces.
Cuando ella entró la habitación estaba casi a oscuras. Sólo una pequeña lámpara de mesita de noche iluminaba algo. Llevaba puesto un liguero de color negro, a juego con las medias caladas que acababan en una liga roja y negra. El pelo negro largo brillante y acabado en flequillo a lo "pin up" de los cincuenta de la daban un aire voluptuoso. Pocos hombres podrían resistir la tentación. Dio un paso y Javier no esperó más. Estaba como en celo. De un salto se abrazó a ella y sin soltarla, la fue llevando hacia la cama de tamaño "king size". Dócil su presa se dejaba hacer pero sin perder un cierto control de la situación. Las manos de él, más deseosas que expertas fueron directas al sujetador. Tras un forcejeo sus tetas estaban al aire. Javier hundía su cabeza entre ellas oliendo sus feromonas mientras que sus manos intentaban acapararlas. Los pulgares comenzaron un jugueteo en las aureolas cuyos pezones hacía rato que estaban erectos. Deslizó las manos por debajo de sus pechos y ella se estremeció. Bajó más abajo para entablar un combate con sus bragas de satén negras acabadas en una delicada puntilla de encaje.
La lucha con sus bragas entrañaba unas dificultades no previstas inicialmente. Parecía que se le escapasen de las manos, que se deslizasen o tal vez que estuvieran adheridas a su cuerpo. Mientras sin separar sus bocas ni soltar sus lenguas no paraba de moverse. Como pudo la fue apartando y tendiendo sobre el lecho mientras que le abría las piernas. Decidió correr hacia un lado las bragas y conseguir así hacer una abertura. “Mejor, con las bragas puestas, como en algunas películas” Pensó para sí.
Al fin consiguió tener una abertura suficiente para poder introducirle su miembro que ya había alcanzado su tamaño máximo y enhiesto quería participar en la fiesta. Empezó a dar unas acometidas dignas de un animal muy salvaje, sin esperas, sin preámbulos. Se vio protagonista de una película pornográfica. Ella que no se quedaba quieta le clavaba sus uñas rojas en los hombros. Él tras estremecerse hizo como que no se inmutaba. Tan sólo aumentaba el ritmo y el frenesí en el empuje de su pelvis. Sentía que ya le iba a venir. Estaba a punto de correrse. Ella parecía seguir su acelerado ritmo.
De improviso se encienden las luces. Javier no entiende qué sucede y como en un shock del que se despertase se incorpora sobresaltado.
- ¿Quien demonios es?
Era la mujer de Javier. Que sorprende la escenita. La lámpara de la mesita de noche está tumbada, los vestidos y la ropa de cama están todos por el suelo. Parece que ha habido una orgía. Duda entre gritar pero se lleva la mano a la boca para tapar cualquier gesto visceral. Reacciona y dice:
- ¿Qué estas haciendo?
- ¡Te lo puedo explicar! - mientras mira a una y a la otra.
- ¿Qué tienes que explicarme? - toda fuera de sí y sin ninguna contención.
- Verás..., yo... No lo volveré hacer, cari...
- ¿Cómo te has atrevido? Tú verás, ¡Cerdo! ¡Esta no te la voy a dejar pasar! -aún más fuera de sí-. ¡Quiero el divorcio!.
- Verás, es que... ¡Ha sido un sueño! No lo volveré hacer, cari...
- Pero ¿Cómo se te ha ocurrido follarte a la almohada?, ¿En quién estabas pensando? ¡Degenerado!.
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