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Fecha de Envio: 20-Mar-06 Categoria: Maduras/Maduros
La Bata De Verano
Enviado por: st
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Carmen entallada en una fina bata de verano, casi transparente, en el que se podia entrver un conjunto de lencría blanco como la nieve..
Vivo en una urbanización ce casa adosadas con mi mujer, de estas que son idílicas, todo ordenado con vecinos respetuosos y educados, con trato muy agradable. Tan agrdable que los vecinos pasamos de casa en casa con bastante confianza.

En una de estas pasadas de casa, en pleno verano y cuando mas calor hace, conocí a mi nueva vecina Carmen, de pelo castaño con betas rubias y estatura media, entallada en una fina bata de verano, casi transparente, en el que se podia entrever un conjunto de lencería blanco como la nieve, que acogian con gran precisión dos tetas grandes y bien formadas, pese a la edad que tenía alrededor de 45 a 50 años, y unas bragas de esas para pantalón que daban forma a un culo bien proporcionado en forma y lugar.

Me quedé muy impresionado esa tarde de aquel encuentro, que para el vecindario era algo como absolutamente normal. Desde entonces pensaba constantemente en la suerte que tenía el marido de mi vecina de acostarse cada noche con aquella hembra monumental.

Tan solo pasaron unos días cuando volvía de un viaje de trabajo y coincidimos Carmen y yo aparcando los coches. Nos saludamos con un beso en la mejilla ( me temblaban hasta las pestañas, como un primerizo), y mantuvimos una conversación con frases de rigor. Ella llevaba un traje de chaqueta y falda de color beig, y en la chaqueta tenía una abertura insinuantemente femenina que dejaba ver con bastante claridad un "canalillo" de dos tetas bien formadas. Casi me mojo ante aquella visión.
Llegamos primero a la puerta de su casa, cuando de forma muy espontanea me invitó a merendar en el patio trasero de su casa, en el que siempre corría una brisa de aire constante y fresquita, argumentando que su marido ( arquitecto de profesión ), estaba en una obra en el extraradio de ciudad y por norma solía llegar muy tarde. Eran tan solo las seis de la tarde.
Miré a ambos lados de la calle, por aquello de los vecinos chismosos, y cruzé la puerta de su casa detras de ella, mientras sentía que mi polla empezaba a crecer levemente alentada tan solo con la idea de estar con aquel monumento.

Se fue directamente a su cuarto, una vez me instaló en el sofá del patio, y cual fue mi sorpresa cuando apareció al cabo de un rato, con una bandeja de café y pastelitos, y con aquella bata de verano que tanto me excitaba hasta mojarme, pero esta vez con un conjunto de lencecría negro que señalaba aun más su figura. Se sentó a mi lado, en el sofá, notó que mis ojos no se apartaban de aquella bata, al tiempo que accidentalmente se la desabrocharon los botones de la parte de las bragas, enseñandome como un tesoro recién encontrado, el triangulo de su tanga negro que perfilaban unas ingles muy bien depiladas.

Mi polla se descontroló ante aquella visión y montó una tienda de campaña con el pantalón, que casi hace estallar la cremallera, estaba dura y caliente, al tiempo que sentía que empezaba a babear. Carmen se dió cuenta e hizo el ademán de servir el café, cuando se puso en pie delante mía, se desbrochó lentamente el resto de los botones de aquella bata y la dejó entreabierta, enseñandome aquellas tetas voluminosas y bien juntas, cuando de una manera muy suave, se arrodilló ante mi, puso sus manos en mis rodillas, me abrió las piernas y con su mano derecha bajó la bragueta de mi pantalón, urgó y sacó mi polla dura como una piedra y babeante. Besó mi glande como si fuera un bebe, de lado a lado, y de repente se la tragó entera, hasta el fondo. Sentí el fondo de su garganta caliente al mismo tiempo que gemía de atragantarse. Subió y bajó con su boca, haste que empezaron las convulsiones para correrme, y en ese momento ella lo notó, paró suavemente y me invitó a desnudarme en pie.

Con mi polla tiesa como un mastil, y al lado de ella, empecé a quitarle aquella bata de verano, la puse de espeldas de manera que mi polla caliente se frotara con la raja de su hermoso culo. Ella notó mi calentura se puso en pompa y empezó mover el culo de lado a lado y de arriba a abajo, mientras le desabrochaba el sujetador negro y se lo quitaba, dejando caer por gravedad aquellas dos tetas inmensas, redondas y duritas. Al tiempo que se refregaba, le pellizcaba los grandes pezones marrones oscuros, que empezaban a ponerse duros como bellotas.

Cuando la raja del culo estaba ya demasiado mojada por las babas de mi polla, se dió la vuelta, se quitó con ligereza el tanga, se sentó en el sofá y abiertas de piernas me señalaba su coño de pelo negro, ya mojado por la excitación. Ante aquella invitación no podia más que empezar lamiemdole los entremuslos, mientras le masajeaba las tetas, y cuando iba llegando al las ingles depiladas, Carmen empezó a arquearse buscando mi lengua con su clítoris. La lamía con mi lengua de arriba a abajo, del clítoris hasta el ano, y al cabo de unos instantes soltó un gemido con el cuerpo totalmente arqueado, que casi me corro yo de la excitación.

Se quedó flácida y espatarrada en el sofá de aquel orgarsmo que había tenido y con mucho esfuerzo debido a la excitación se puso a cuatro patas, enseñandome aquel culo bien fromado e invitandome a mertersela.

Con suavidad le lamí el ano, lo lubriqué, e hize que me chupara la polla unas cuantas de veces, mientras le metía el dedo en el culo para dilatarlo. Noté que estaba a punto y coloque la punta de mi polla en el ano, ella la notó caliente y se abrió más de piernas y con sus manos sujetaba a ambos lados sus nalgas para que yo viese mejor. Empezé a empujar mi glande por aquel ano, notando en todo momento que era virgen, por lo estrechito que estaba, seguí con suavidad y empujones secos, hasta que entró el glande, soltó un grito de dolor, quiso que me quitara, pero en ese monento me exité tanto que empujé de tal manera que entró toda mi polla en aquel culo, soltando Carmen un grito de placer y dolor que la estremeció.
Seguí con embestidas suaves, ella no paraba de gemir, y me di cuenta de que se estaba masturbando el clítoris. Al ver que se excitaba aun más aceleré las embestidas sacando y metiendo toda la polla hasta los huevos, y parecía que pedía más y más. Ella me acompañaba con sus movimientos al masturbarse, hasta que me dijo que se iba a correr y eso fue el detonante para que los dos al mismo tiempo nos corrieramos gritando como animales.
Me corrí de tal forma que en las últimas embestidas se salía el semen de su culo y empezaba a chorrearle por los muslos.

A duras penas nos sentamos en el sofá y ella con la excitación del último orgasmo, inclinó su cabeza y se llevó mi polla flácida llena aún de semen a la boca. La relamió de arriba a abjo, suavemente hasta que de nuevo tomó vida propia y se alzó como un mastil. Cuando estubo dura y tiesa, carmen a orcajadas, se sentó encima de mi polla, presentando su coño negro mojado y caliente, y empezó a cabalgar muy despacito.
Yo le comía a mordiscos aquellos pezones duros como bellotas, al mismo tiempo que le apretaba sus tetas con las manos. En el momento de mayor cabalgada, me cogió una mano y me la llevó a su culo, indicandome que le metiera el dedo.

Entre los gemidos de placer y la comida de tetas, le metí el dedo en el culo, pero como estaba dilatada y del semen de la enculada, cuando me di cuenta le tenía tres dedos metidos en su culo. La cabalgada era bestial cuando ella notó que estaba llena por delante y detras, y al tiempo que le comia los pezones soltó el gemido de placer más grande que yo haya escuchado, eso hizo que yo tambien me corriera.

Paró levemente, saqué mis dedos de su culo y nos besamos con las lenguas jadeando como perros, sintiendo que mi semen empezaba a salirse de su coño mezclado con sus jugos y empaparme.

Cuando se incorporó y se sentó en el sofá a mi lado, me confesó con una leve sonrisa que era la primera vez que la habian enculado, y que no se inmaginó nunca lo dolorso y placentero que era. Le confesé con ojitos de cordero degollado , que era la primera vez que follaba con una vecina, aparte de mi mujer.

Desde entonces cada vez que ella quiere que la encule, me invita con mucha discreción a café con pastelitos en su patio trasero.
C O M E N T A R I O S




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