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Cuando descendimos del bus, yo aún estaba sumamente excitada y nerviosa. Víctor me tomó de la mano y comenzamos a caminar. Ahí me llevé otra sorpresa. Cuando mencioné hacia donde iríamos, él me dijo que deje eso de su parte. Seguimos avanzando y pasamos de largo por dos hoteles hasta llegar a un departamento de reciente construcción. Metió la llave y abrió la puerta. Ingresamos a un bonito ambiente. Sala amplia, amoblada y bien iluminada. Pasamos al interior y llegamos a un dormitorio muy coqueto, limpio, ordenado y con mobiliario nuevo. Víctor me dijo que su empresa había alquilado dicha casa para su uso personal. Yo quedé encantada. La cama era grande y muy cómoda. Me senté en un extremo. Víctor metió la mano al bolsillo, sacó mi calzón y comenzó a olerlo mientras sonreía de manera muy pícara. Yo me avergoncé muchísimo, al darme cuenta que estaba desnuda y con un hombre que a pesar de haber hecho el amor con él, era un extraño. Él se me acercó lentamente, me tomó de las manos, me hizo parar y comenzó a besarme muy dulcemente. Me sentí en las nubes una vez más y hasta pensé que ya no era tan extraño. Definitivamente me gustaba muchísimo todo lo que hacía conmigo. Devolví beso por beso y nos enrollamos en un abrazo furioso que terminó con nuestros cuerpos sobre la cama. Sus manos recorrían mi cuerpo entero. Mis senos fueron tratados como si se tratara de un par de copos de nieve. Con mucho amor y delicadeza me pasaba la lengua por mis pezones y alrededor de los mismos, con lo que consiguió que se pusieran más duros que el pedernal. Crecieron tanto que hasta me asusté. Pero mientras su boca se deleitaba en mis tetas, su mano ya estaba debajo de mi falda masajeando mi trasero y como no tenía el calzón puesto, llegó directamente a mis partes más íntimas. Fui sacudida por una descarga eléctrica y empecé a calentarme y llenar mi cerebro de sexo. Era lo único que deseaba. Recibir y dar placer a manos llenas. Sin las mojigaterías ni tabúes tradicionales con los cuales me criaron. Seguía recibiendo dulces chupadas en los senos y las manos de mi amante hurgaban entre mis piernas, las cuales abrí un poco para facilitar su acción. Víctor me quitó toda la ropa y al observarme totalmente desnuda, me dijo: tienes un cuerpo realmente maravilloso. Todo en ti, es hermoso. Me encanta tu frondoso bosque de vello púbico. Que tal cantidad que tienes¡¡¡. Siempre me gustó una hembra que tenga bastante vello ahí. Nunca te lo rasures... Tus piernas son fabulosas¡¡¡ Y tu nalgas, son preciosas.... Yo estaba emocionada y agradecida por sus palabras. inmediato abrió las llaves del agua. Esa sensación frío-caliente fue exquisita. Me seguía besando y sobando a su gusto. De pie, se puso tras mi espalda y abrazándome tomó posesión de mis pechos. Su verga que estaba como estaca, hurgaba en mis nalgas pero por la diferencia de estatura, mas la sentía encima de mi trasero. Cuando se acumuló suficiente agua nos echamos en la tina abrazados. Ahí cogió la pastilla del jabón y comenzó a enjabonar mi cuerpo. Yo me dejaba hacer y lo tomaba como un engreimiento hacia mí. Realmente me sentía importante para él. Lo que habíamos hecho en el bus fue algo grandioso y muy rico. Nunca imaginé siquiera que perdería la virginidad de manera tan impensada, tan espontánea y con un desconocido. Siempre soñé hacerlo después de casada y con el hombre que sería mi esposo para siempre. Eso me enseñaron mis padres. Ahora estaba aquí, bañándome en una tina con mi desconocido iniciador sexual.
El siguió enjabonando mi cuerpo con una pericia exultante. Poco a poco comencé a excitarme por la cercanía de su cuerpo y por nuestra total desnudez. De pronto sentí una vez más la potencia de su verga que hurgaba entre mis nalgas, entonces empecé a rotar el trasero en busca de mayor intimidad. Su ansiosa tranca fue buscando el camino hacia mi vagina. Se entretuvo un buen rato entre mis labios y martillándome el clítoris que de inmediato se puso duro y erecto agradeciendo el masaje. Mis pechos estaban siendo amasados dulcemente y mis pezones estaban muy sensibles. Me di vuelta y nos abrazamos con ternura. Levanté una de mis piernas y la pasé por encima de su cuerpo para facilitar las maniobras de su verga. Fui acomodándome y permití que se aloje una vez mas entre mis labios íntimos. Fui moviendo mi pubis en busca de tan hermosa tranca. Cuando sentí que estaba en el punto preciso, empujé mi pubis y la cabeza de su vergota empezó a ingresar a mi cuerpo. Mientras tanto, nuestras lenguas no se separaban y sus manos recorrían cada uno de los rincones de mi caliente cuerpo. Yo estaba volando de gusto y quería avanzar más en la penetración pero parecía que Víctor estaba pensando en otras cosas. Solamente la cabeza de su verga recorría mi canal íntimo y me erotizaba a más no poder. Estaba loca de lujuria, deseo, caricias y erotismo. Estuvimos en ese plan un buen rato. Luego se puso de pie y me hizo parar a mí tambien. Enjuagó mi cuerpo con agua de la ducha y lo hizo con tal dulzura, que yo ya no me acordaba ni mi nombre. Me masajeó completamente. Gozó de mis tetas a su gusto. Me sobajeó nalgas, piernas y concha como todo un artista. Mis jugos salían de mi intimidad como si no tuviera nada que los detenga. Sentía el clítoris como una pequeña protuberancia dura y agresiva pero con vida propia. Terminamos de bañarnos y luego de secarnos, volvió a cargarme y así, tomada del culo con su mano derecha y por la espalda con la izquierda, llegamos a la inmensa cama donde me depositó lentamente. Se puso de pie y se quedó mirándome. La reacción de su observación se puso de manifiesto en su maravillosa tranca. Me senté en el filo de la cama con lo que la verga quedó a escasos centímetros de mi cara. La tomé con ambas manos y me la llevé a la boca. Intenté meterla dentro, pero era demasiado gruesa. Entonces comencé a darle besos y lametones por todo el tronco, de la cabeza a los huevos. Víctor me tomó de la cabeza e iba llevando el ritmo de mis lamidas. Abrí todo lo que me era posible la boca y me introduje tan rico mástil mientras movía mi lengua alrededor de su las piernas y sentí la apabullante invasión centímetro a centímetro de su verga en mi vagina. Mientras tanto seguía dándome besos en la boca, cuello, orejas y se deleitaba chupandome las tetas. Era alucinante y exquisito a la vez. Puse mis dos piernas alrededor de su cuerpo y lo abrazaba con ellas lo cual me permitía atraerlo más hacia mí y que la penetración se haga mas profunda. Estaba con la concha totalmente llena de duro nervio y me sentía feliz. Víctor comenzó un mete saca rítmico y lento que me elevó al séptimo cielo. Perdí la cuenta de los orgasmos que había experimentado pero cuando aumentó la velocidad de sus penetraciones y su puso como si le hubiesen cambiado de pilas, pues me acometía como loco, ahí ya dejé de tener conciencia de los sucesos y fui una muñeca rota en su poder. Todos mis músculos se aflojaron y dejé que mi cuerpo soporte todo lo que le estaban haciendo. No recuerdo qué tiempo estuvimos en ésta acción, pero cuando recobré algo de conciencia, el cuerpo de Víctor estaba sudando como en sauna pero seguía dale que dale en sus profundas ensartadas de su verga. De pronto se puso como histérico, apuró el ritmo, bramó como toro loco y en mi interior sentí la abundante descarga caliente y cremosa de su leche. Yo tambien estaba en mi nivel mas alto de lujuria y sentí un orgasmo maravilloso e infinito por lo que grité incontroladamente hasta conseguir relajarme un poco a pesar de seguir con la verga clavada en mi vagina. Nos quedamos quietos y abrazados mientras seguíamos dándonos besos, caricias y masajes por nuestros cuerpos. Yo me sentía toda irritada pero la bendita verga no perdía su dureza y seguía dentro de mí. Nos pusimos de costado, nos abrazamos fuertemente, cruzamos nuestras piernas y así permanecimos un buen tiempo, hasta que me quedé dormida por el cansancio, pero dichosa de ser mujer y sobre todo por haber gozado como nunca pensé en mi debut sexual.
A la madrugada me desperté sobresaltada, pues sentía una extraña sensación en el ano. Era Víctor que se había dado vuelta en mi espalda y estaba besándome el ojete y me pasaba la lengua para lo cual con sus dos manos, separaba mis nalgas a lo máximo. Me quedé sorprendida pero poco a poco, comencé a sentir un placer extraño ante esas caricias. De pronto sentí que su rugosa lengua se metía un poco en mi estrecho ojete. Encogí mis piernas para facilitar su accionar y puse en pompa todo mi trasero. Su reacción fue inmediata. Su lengua invadió mi interior por esa vía y me estaba llenando de calentura una vez más. De mi vagina empezaron a salir las muestras de mi arrechera. Víctor aprovechó tan oportuno acontecimiento y me empapó el ano con mis propios jugos. De pronto introdujo un dedo y comenzó a jugar al mete-saca. Con la otra mano, me masajeaba la concha y sobre todo mi inflamado clítoris. Ya no sabía donde tenía mas sensaciones; si en la concha o en el ano. Ahí sentí el ingreso de un segundo dedo en mi culito y comenzó a girar su mano separando los dedos, con lo cual la dilatación de mi esfínter debía ser más rápida. Otro dedo vino a unirse a los dos anteriores en mi interior y aunque sentía molestia física por tal invasión, tambien debo aceptar que me estaba gustando esa sensación. Para participar en la fiesta busqué la verga de mi amigo y la encontré mas dura que un poste. Me giré un poco y comencé a mamarla mientras le masajeaba delicadamente sus bolas. Ese fue el detonador que esperaba Víctor. Se puso de pie, me jaló al fil muchísimo. Víctor me dijo, esperemos unos minutos y luego si sigue el dolor, te la saco.
Mientras reanudó sus masajes en mi clítoris, vulva, piernas, senos y todo lo que le era posible agarrar. Me hizo girar el cuello y me dio un beso con lengua que casi me ahoga. Poco a poco fueron cambiando mis sensaciones. Ya no sentía mucho dolor y con los masajes de concha, estaba calentándome una vez más. Casi sin darme cuenta, Víctor reanudó sus movimientos con mucho cuidado y de pronto sentí que sus pelotas se pegaban a mi concha, con lo que pude comprobar que había conseguido clavarme toda su verga en mi hasta ahora virginal culito. Me sentía como cable de alta tensión. Me pidió que me relaje y aflojé mis músculos. Me dijo que tenía un ojete delicioso y estrecho y que sentía que le iba a guillotinar la tranca, pues lo estaba estrangulado muy deliciosamente (para él). Hice lo que me pidió y entonces comenzó el clásico mete-saca de su descomunal herramienta en mi sacrificado culito. Al inicio sentí mucho dolor, pero poco a poco, fue cambiando a placer y gozo puro. Víctor incrementó la rapidez de sus ataques y me torturó como media hora. Fuimos cambiando de poses, pero sin sacar la verga de mi interior por ningún motivo. Cuando quedamos nuevamente en la posición de los perros, me tomó con ambas manos de las caderas y me clavaba sin piedad ni contemplaciones. Mi esfínter ya se había acostumbrado al grosor del invasor y entonces Víctor aprovechó para sacar su verga completamente y volver a meterla hasta el fondo mientras me iba hablando de lo maravilloso que le parecía mi culo, mis nalgas, mi ojete, mis tetas, mis piernas y de lo mucho que íbamos a gozar cada noche a partir de ese día.
Dijo tantas cosas bellas y calientes que no me di cuenta del paso del tiempo. Yo seguía recibiendo su tronco mientras era estimulada en el clítoris con lo que mi calentura subió a niveles de explosión. Todo el dolor desapareció y solo quedaba un loco placer sexual que me tenía con el cerebro en blanco. Era una maquina sexual. Y me gustaba sentirme así en éstos momentos. Estaba empalada por una tremenda verga pero el sentimiento de plenitud era mayor. Comencé a mover el trasero y buscar una mayor penetración mientras mi nivel de excitación subía como espuma de cerveza. Exploté como torna sin compuerta y grité mi placer a todo pulmón. Nunca imaginé que se pudiera sentir tanto placer al ser penetrada por el ano. Y quien mas gozaba era Víctor que seguía en un bombeo loco en mi trasero. De pronto aceleró sus acometidas y descargó un chorro de caliente cimiente que me llenó completamente mi adolorido trasero. Parecía que estaba vaciándose todo en mi interior, pues no paraba de soltar chorros y chorros de leche. A eso, mi organismo reaccionó y lo acompañé con un orgasmo largo y delicioso. Fue algo sumamente exquisito e incomparable. Nos detuvimos y quedamos de costado echados en la cama y yo seguía con la verga bien clavada en mi culo. Así permanecimos por tiempo indeterminado. Parece que me quedé dormida pues de pronto despierto sobresaltada y la luz del sol entraba a raudales por las ventanas del dormitorio. Eran las 09.00 hrs. y normalmente inicio mi trabajo diario a las 08.00 hrs.
Me moví un poco para ir a la ducha y.... era para no creerlo. La verga de Víctor seguía clavada en mi culo aunque ahora un poco más flácida. Lógicamente ese día no trabajé y tampoco hubiera podido hacerlo, pues el culo me dolía horrores y no podía ni sentarme, por lo que después de la ducha, desayunamos juntos y me quedé de Novedades
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