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Hace dos viernes, cuando salí de casa para coger el autobús y dirigirme al colegio, nada me hacía suponer que pudiera ocurrir algo que lo diferenciara de un día normal. Sin embargo, pronto iba a salir de mi error; no podía imaginar los peligros a los que está expuesta una adolescente, sobre todo si está tan desarrollada como yo.
Para variar, y como todas la mañanas, el autobús iba hasta los topes. Menos mal que estábamos en primavera y el calor no había apretado aún, porque de lo contrario aquello hubiera sido un horno. Por supuesto no encontré ningún asiento libre, así que, como hacía casi siempre, me dirigí con bastante dificultad hasta la plataforma trasera y allí me quedé, agarrada a la barra de una de las ventanillas y con la frente pegada al cristal, mirando al exterior. Tras de mí siguió entrando gente, hasta que llegó un momento en que era totalmente imposible moverse. Estábamos tan apretados que, a pesar de la brusquedad con que lo hizo, ni siquiera me desplacé cuando el autobús se puso en marcha.
A los pocos segundos, noté que el individuo que estaba a mi espalda se había pegado a mí como una lapa. Al principio no le presté mucha atención, pensando que todo se debía a la aglomeración de personal y que no era nada intencionado, pero la marcha de los acontecimientos se encargaría de sacarme de mi error.
El tío empezó a apretarse cada vez más, y hasta entonces no me percaté de un bulto bastante duro que me empujaba en las nalgas, a la vez que sentía su aliento en la nuca. Tardé unos segundos en identificar aquella protuberancia, y cuando por fin lo conseguí, intenté inútilmente escabullirme hacia un lado, al tiempo que la vergüenza hacía que me ardiera la cara. Debía estar roja como la grana.
Al final, completamente abatida, tuve que desistir de mis intentos de huida, porque era materialmente imposible moverse. Además, al estar tan apretados, cada vez que me movía me frotaba contra el cuerpo del hombre, y pude comprobar que cuanto más me agitaba, más duro se ponía aquel bulto, así que decidí permanecer totalmente inmóvil y me dispuse a soportar la situación lo mejor posible, con la esperanza de que pronto bajara gente suficiente como para permitirme cambiar de lugar.
Sin embargo, el conductor no dejaba de recoger viajeros, con lo cual no disminuía la aglomeración; por otro lado, mi pasividad debió de ser mal interpretada por aquel cerdo que tenía a mi espalda, y poco a poco se fue envalentonando. Ya no se preocupaba de disimular lo más mínimo; por el contrario, cada vez se apretaba más descaradamente contra mí. Su respiraci&oa provocando. Al final fue peor el remedio que la enfermedad, y se tuvo que bajar del autobús completamente avergonzada, así que preferí callar y aguantar mientras pudiera. De pronto, en el colmo de la caradura, aquel individuo metió una mano entre mi cuerpo y la pared del autobús y empezó a moverla hacia arriba y hacia abajo, acariciándome el vientre por encima de la falda a la vez que aumentaba la presión de su "cosa" contra mis nalgas. La sorpresa me dejó inmovilizada, y cuando al fin pude reaccionar intenté inmovilizar aquella mano apretando mi cuerpo contra la pared del autobús todo lo que pude. Aunque al principio pareció dar resultado, unos segundos después la situación empeoró.
Noté cómo desplazaba la mano izquierda hacia abajo hasta colocarla justo sobre mi sexo. A continuación, moviendo los dedos con gran habilidad y aprovechando la circunstancia de que llevaba una falda cortita y muy amplia, me fue subiendo lentamente la parte delantera de la misma. En apenas unos segundos consiguió alcanzar mis bragas, e inmediatamente deslizó su mano sobre el bulto que mi chocho formaba bajo la tela. Al sentir sus dedos, cerré con fuerza las piernas, apretando los muslos para evitar que continuara avanzando, pero a él no pareció importarle aquel nuevo inconveniente, porque empezó a deslizar sus dedos con mucha suavidad sobre el lugar que ya había conquistado. Era la primera vez que los dedos de un hombre me acariciaban mi parte más íntima, aunque fuera por encima de las bragas.
Me imagino que algunas de las personas que lean esta historia pensarán que ellos habrían reaccionado con violencia ante esta nueva invasión de su intimidad. Es posible que tenga razón, pero, y esto es lo extraño, a la vez que aumentaba mi indignación y mi vergüenza, también crecía en mi interior una extraña sensación. Por un lado deseaba que aquel cerdo me dejase en paz, pero al mismo tiempo quería que continuara con sus caricias y, al final, me sorprendí deseando que fuese más atrevido. Empecé a notar que mi sexo parecía inflamarse por momentos, dejando escapar una leve humedad que mojaba ligeramente las bragas en la entrepierna.
Quizás al final ganó este último sentimiento, porque de forma inconsciente me separé un poco de la pared del autobús y abrí ligeramente las piernas, permitiendo que aquella manaza se apoderara de mi mojado sexo. Ahora podía abarcarlo por completo sin ninguna dificultad y empezó a acariciarlo a placer, sin más obstáculo que la tenue barrera de tela de las braguitas. Probablemente aquello terminó de convencerlo de que no sólo no pensaba oponer resistencia a sus avances, sino que estaba dispuesta a colaborar totalmente, así que adelantando la otra mano me levantó la cinturilla de la braga y deslizó la mano acariciadora bajo ella.
Un estremecimiento involuntario me sacudió con violencia al sentir, por primera vez en mi vida, los dedos de un extraño hurgándome directamente en la raja del chocho, que se encontraba ya totalmente encharcado. Una sensación muy extraña se apoderó de mi vientre, con tanta fuerza que no pude reprimir el impulso de apretar mi culo contra el bulto que tenía detrás, moviéndome hacia los lados para acomodarlo entre las nalgas. La respuesta por su parte no se hizo esperar. Los dedos que me acariciaban el inflamado sexo alcanzaron el clítoris y empezaron a pellizcarlo y a frotarlo con insistencia, haciendo que un leve quejido escapara de mi garganta de forma incontrolable. Al mismo tiempo, y aprovechando la aglomeración, llevó su otra mano hasta mi pecho y empezó a acariciarme las tetas, estrujándolas escuchar su voz susurrándome: - Estamos llegando a tu parada. Arréglate un poco antes de bajar.
Con las manos temblorosas e incapaz de pensar en nada, me recompuse la falda como buenamente pude y a continuación me volví. Al hacerlo sentí sobre el vientre la presión de su sexo. Levanté el rostro y finalmente pude verle la cara. ¡Era el padre de Gloria, una compañera de clase!. Tendría unos cuarenta años, era bastante corpulento y sonreía abiertamente. Recordé que en más de una ocasión le había comentado a Gloria que su padre estaba muy "potable".
No sé qué me impulsó a hacerlo. Quizás fue un gesto de agradecimiento mal entendido, pero la cuestión es que bajé una mano lentamente, y metiéndola entre nuestros cuerpos con disimulo, le acaricié durante unos segundos el tremendo paquete que aún tensaba su pantalón. Finalmente, le di un suave apretón como despedida, mientras lo miraba a los ojos y le dedicaba una leve sonrisa. El hombre se inclinó hacia mí y me besó en los labios. Fue un beso muy rápido y muy leve, casi un roce, pero también era el primero que recibía y me hizo estremecer entera.
El autobús se detuvo bruscamente. Había llegado a mi parada, así que me escabullí lo más rápido que pude y salté a la calle. Mientras me dirigía hacia el colegio, mi cabeza era una olla a presión. Tenía la sensación de que flotaba en vez de andar, notaba las piernas tan flojas que me temblaban, y en ese estado entre en el amplio patio de la escuela.
Como eran las fiestas patronales del colegio, aquel fin de semana no teníamos clases, así que durante un buen rato me dediqué a pasear por entre la ruidosa muchedumbre que invadía el patio mientras intentaba distraerme contemplando las distintas actividades y competiciones, pero era totalmente inútil. No conseguía apartar de mi mente la excitante escena que había protagonizado en el autobús, incluso tenía la sensación de que los dedos del padre de mi amiga seguían acariciándome el chocho.
Sin darme cuenta, había salido a la calle y caminaba ensimismada por la acera hasta que de pronto me sobresaltó el sonido del claxon de un coche. Sobresaltada, levanté rápidamente la cabeza y descubrí a mi lado una furgoneta. En su interior se encontraban dos hombres, y el corazón me dio un vuelco cuando reconocí al que iba sentado junto al conductor: ¡era el padre de mi amiga, el mismo que me había tocado en el autobús!. Antes de que pudiera reaccionar, se bajó muy sonriente y me habló mientras me cogía suavemente de un brazo:
- Hola pequeña. Sé que no tenéis colegio, así que te estaba esperando por si querías venir a dar una vuelta con nosotros, así podríamos hablar un ratito sobre lo ocurrido esta mañana y conocernos mejor.
Aquello me desconcertó. Habrá quien piense, y con razón, que tendría que haber salido corriendo o al menos gritar pidiendo ayuda, pero en vez de ello subí en silencio al asiento posterior de la furgoneta como hipnotizada, sin oponer la más mínima resistencia y sin pensar en las consecuencias que aquella acción me podría acarrear. Sin soltar mi brazo, el hombre entró rápidamente tras de mí, se sentó a mi lado y nada más cerrar la puerta, el vehículo arrancó.
Mi acompañante pasó entonces su brazo izquierdo por mis hombros, y empezó a hablarme de forma muy cariñosa, como intentando tranquilizarme. Yo continuaba teniendo la mente bloqueada, no sabía donde colocar mis manos, y acariciaba los muslos subió en dirección a mi vientre y se coló bajo la cinturilla de las pequeñas bragas, que volvían a estar húmedas de nuevo, y no se detuvo hasta alcanzar los pequeños rizos de mi pubis. Rápidamente empezó a acariciarme el coñito, estrujándolo con ansia entre sus dedos durante unos segundos; a continuación me abrió la empapada rajita, buscando el clítoris, y en cuanto lo encontró comenzó a frotarlo suavemente, haciendo que se pusiera duro como una piedra.
Mi excitación se había disparado hasta el máximo y empecé a gemir. Al oírme, me pidió que separara un poco más las piernas para poder tocarme mejor, y yo incapaz de resistirme, me subí la falda y abrí las piernas todo lo que pude, ofreciendo mi vientre casi desnudo a su vista y a sus manos. Con la nueva postura le resultaba mucho más fácil masturbarme. Noté que me introducía un dedo por la abierta raja, y lo fue metiendo hasta que tropezó con algo que le impidió seguir profundizando más. Entonces empezó a moverlo hacia dentro y hacia afuera, haciendo que se deslizara lenta y suavemente entre los hinchados labios de mi coño, sin dejar por ello de acariciarme el clítoris a la vez.
Me dejé arrastrar por las sensaciones y, olvidando al conductor, cerré los ojos para poder concentrarme mejor en mi placer. Sin abandonar las caricias en el empapado coñito, Erick se inclinó sobre mí y empezó a besarme en el cuello, en la cara y por detrás de las orejas. Con los dientes apretados, y al borde del orgasmo, empecé a jadear. En ese momento, mi acompañante me besó en la boca por segunda vez, pero en esta ocasión no fue un beso fugaz, como lo había sido el de la mañana; ahora sentí su lengua luchando por entrar en mi boca, y sin dudarlo abrí los labios y se lo permití.
Como podéis imaginar, era mi primer beso "con lengua", y he de confesar que no me disgustó lo más mínimo, todo lo contrario; al sentir su lengua jugueteando con la mía sentí que mi deseo aumentaba. Tuve la extraña sensación de que el chocho se me abría de par en par, y en ese momento, el dedo que me lo torturaba se coló de un tirón hasta el fondo de mi vagina. Aquella pequeña invasión en mis entrañas pareció disparar una descarga eléctrica en mi interior y volví a correrme. El orgasmo fue tremendo; quizás se debiera a la tranquilidad y a la soledad de la furgoneta, o quizás fuera por el dedo que me penetraba, la cuestión es que el goce resultó mucho más fuerte que el que había experimentado en el autobús. Pero esta vez no me reprimí lo más mínimo: dando rienda suelta a mi deseo, empecé a botar en el asiento y a gemir en voz alta como una desesperada; y al igual que había hecho por la mañana, Erick siguió besándome en la boca y acariciándome el chocho hasta que dejé de estremecerme.
Cuando todo pasó, me sacó el dedo con mucha suavidad mientras yo, totalmente desmadejada, abría los ojos y miraba a mi alrededor. Hasta ese momento no me había percatado de que la furgoneta se había detenido y que el conductor, vuelto hacia nosotros, nos observaba con ojos brillantes. Al mirar a los lados, me di cuenta de que estábamos en un pinar a las afueras de la ciudad, pero aquello no me causó la más mínima preocupación.
Tirando de mí con firmeza, pero con suavidad, y sin dejar de besarme una y otra vez, Erick se apeó de la furgoneta, haciendo que lo siguiera hasta la parte trasera del vehículo. Abri hacia la parte delantera y las piernas en dirección a la puerta trasera del vehículo, que él se encargó de cerrar.
Erick empezó de nuevo a besarme, pero esta vez no se limitó a mi boca, sino que fue recorriendo lentamente todo mi cuerpo con sus labios. Al mismo tiempo, mientras una de sus manos volvía a colarse bajo las bragas y reanudaba sus caricias sobre mi ansioso y castigado conejito, con la otra mano se dedicó a acariciarme el pecho por encima del sujetador; inmediatamente noté cómo se me erguían rápidamente los pezones, poniéndose duros como piedras.
Bastante excitada, decidí terminar con mi pasividad, así que llevé las manos a la espalda y me desabroché el sujetador; a continuación me desprendí de él, dejando al aire mis senos. Cuando Erick me vio en estas condiciones soltó de inmediato mi chocho y, agarrando un pecho con cada mano, empezó a besarlos y a chupar los pezones como si fuera un bebé, a la vez que hacía comentarios sobre lo bonitas que eran y lo duras que estaban. Aquellas frases me hicieron enorgullecerme y sentirme más mayor de lo que era, a la vez que las caricias me colocaban de nuevo en el disparadero. Estaba tan entregada, tan decidida a rendirme a la lujuria sin importarme lo que ocurriera, que fui incapaz de reaccionar cuando sentí que se abría de nuevo el portón de la furgoneta. Me limité a observar de reojo la entrada del otro individuo y ni siquiera intenté cubrirme las desnudas tetas cuando, una vez dentro y tras cerrar la puerta, se colocó de rodillas a mis pies. Caliente perdida, cerré los ojos y me abandoné, dispuesta a experimentar nuevas sensaciones; creo que en mi subconsciente deseaba que el conductor se uniera a nosotros y participara en la "fiesta".
De pronto sentí en las caderas las manos del recién llegado y, levantando ligeramente el culo, le facilité que me quitara las bragas. La cabeza empezó a darme vueltas y sentí un pellizco en el estómago cuando pensé en mi nueva situación. En ese momento abrí de nuevo los ojos y me contemplé: tumbada en el interior de una furgoneta, totalmente desnuda y a merced de dos hombres maduros cuyas intenciones eran fáciles de adivinar. Durante unos segundos, Erick interrumpió sus caricias para presentarme al recién llegado: su nombre era Luis y tenía más o menos su misma edad, pero era algo más alto y corpulento. Volví a cerrar los ojos para concentrarme mejor en las sensaciones que me invadían.
Mientras Erick volvía a dedicarse a mis tetas, el otro me abrió las piernas y, colocándose entre ellas, empezó a besarme la parte interna de los muslos. Lentamente fue subiendo hasta alcanzar el coñito, que a estas alturas estaba empapado y me ardía como si tuviera fuego. Utilizando los dedos, me abrió la raja y comenzó a besarlo y a lamerlo con verdadera ansia. Cuando metió la lengua entre los inflamados labios de la vulva y me lamió el interior, di un bote tan violento sobre el colchón que el pobre interrumpió la caricia. No estaba dispuesta a que se repitiera la interrupción, así que agarré su cabeza con ambas manos y, abriendo aún más las piernas, lo hice amorrarse de nuevo sobre mi ansioso y chorreante coño.
En ese momento me percaté de que Erick había dejado de acariciarme. Abrí los ojos para averiguar qué pasaba, y el corazón me dio un vuelco. El padre de mi amiga se estaba desprendiendo de sus ropas. Nunca había visto un hombre desnudo, así que cuando finalmente se desprendió de los calzoncillos y se arrodilló a mi lado, no pude reprimir un estremecimiento. Aquel cili chocho, apenas podía hablar.
- Es muy grande; claro que es la primera vez que veo algo parecido.
Arrodillado como estaba, metió una mano bajo mi cabeza y me ayudó a incorporarme ligeramente. Después, sujetando su tiesa verga con la mano libre, se acercó hasta que la brillante cabezota me rozó los labios. Rápidamente comprendí lo que deseaba y, dispuesta a complacerles en todo, abrí la boca dejando que me la metiera. Estaba ardiendo, y aunque nunca había hecho algo parecido, empecé a chuparla lo mejor que supe. A pesar de mi inexperiencia no debía hacerlo mal del todo, porque casi de inmediato dejó escapar unos gemidos muy similares a los míos.
La visión de aquella tranca entrando y saliendo de mi boca, junto con la comida de coño que me proporcionaba su compañero, me llevaron a un nuevo orgasmo, tan violento que me resultó difícil conservar la gruesa polla en la boca. La lengua de Luis siguió lamiéndome el interior del coño y el clítoris hasta que terminé de correrme. Cuando todo acabó, caí de espaldas sobre el colchón, completamente agotada. Ya no podía más.
Mi comportamiento era increíble. Por un momento se me vino a la mente la imagen de mi pobre madre. Seguro que le daba un ataque si pudiera ver a su inocente niña en aquella furgoneta, tumbada sobre aquel colchón, totalmente desnuda y despatarrada al máximo; con el coñito chorreando por el placer y expuesto a las miradas y las caricias de un hombre desconocido, a la vez que le chupaba con ansia la polla a otro que además estaba completamente desnudo.
Sentado a mi lado, con la polla tan tiesa como al principio, Erick seguía acariciándome todo el cuerpo con las puntas de los dedos. Mientras tanto, Luis había comenzado a desnudarse. Cuando terminó, pude admirar la segunda polla de mi vida, tan tiesa y tan larga como la primera, aunque me pareció que era algo más gruesa. Me imaginaba cual iba a ser mi destino pero, en vez de sentir miedo o vergüenza, estaba deseando llegar hasta el final, así que me decidí a hacer la pregunta que desde el principio rondaba por mi cabeza y que supuse que ellos estaban esperando.
-Erick, ¿me vais a follar los dos?. Es que soy virgen y me da un poco de miedo que me metáis esas cosas tan gordas. Me parece que no me van a caber.
- -Mi pregunta les hizo reír de forma tranquilizadora. - No te preocupes, pequeña. Luis se encargará de desvirgar esa preciosidad de chochito que tienes entre las piernas. Lo conozco desde hace mucho tiempo y te puedo garantizar que no te va a doler en absoluto. No eres la primera jovencita que "estrena", son su debilidad. Con decirte que, entre otras, también estrenó a mi hija cuando más o menos tenía tu edad. Ahora tranquilízate y ponte a cuatro patas, por favor.
Hecha un manojo de nervios, me coloqué en la posición indicada. Luis, de rodillas, se acercó inmediatamente a mí y me introdujo la polla en la boca. Como ya he dicho, era algo más gruesa que la de Erick, pero estaba igual de tiesa y de caliente. Nada más empezar a chuparla, tuve la sensación de que crecía aún más. Mientras tanto, colocado a mi espalda, Erick me lamía el coñito, pasando la lengua a lo largo de toda la raja.
En unos minutos me pusieron de nuevo al borde del orgasmo, pero los muy canallas, cada vez que estaba a punto de correrme, interrumpían sus caricias y me dejaban descansar unos segundos; en cuanto me había tranquilizado un poco, volvían a la carga.
No sé cuanto tiempo estuvimos así. De pronto, Luis me sacó la verga de la boca y se tumbó boca arriba. Vi que se colocaba u cogió por la cintura con las dos manos y empezó a mover las caderas, haciendo que el glande entrara y saliera ligeramente de mi chocho. Cada vez que el hombre empujaba hacia arriba, yo notaba cómo la poderosa verga entraba un poco más adentro. En el silencio de la furgoneta podía oír perfectamente el chapoteo de mi encharcado conejito, que me daba la sensación de que estaba humeando. Este sonido, junto con el roce de la caliente maza en la entrada de mi gruta, me fue calentando a marchas forzadas haciendo que el coñito se fuera abriendo casi imperceptiblemente. De pronto, Luis me agarró con fuerza por las caderas y dio un empujón más potente que los anteriores. Apenas noté un leve pinchazo en mi interior, como si se hubiera roto algo, y el grueso ariete penetró de un tirón hasta lo más profundo de mi virginal chochete. Sentí el glande tropezar en el fondo de la vagina, y tras recrearme unos segundos en la sensación que me producía el tener el coño tan repleto, empecé a cabalgar sobre aquella maravillosa y gruesa verga.
Al principio me movía lentamente. Me incorporaba poco a poco sobre las rodillas hasta que notaba la punta de la verga en la mismísima entrada de la vagina, y a continuación me volvía a sentar muy despacio, metiéndomela de nuevo hasta apoyar mi chocho sobre su vientre. Así una y otra vez, cada vez más rápido, aprovechando que tanto el "pistón" que me taladraba como el canal que lo albergaba se iban lubricando. Al mirar hacia abajo vi cómo mis tetas botaban al ritmo de mi cabalgada. La sensación era maravillosa.
Bien ensartada por aquél mástil de carne, me recosté sobre el pecho de Luis. Al hacerlo, aplasté mi clítoris contra el vello de su pubis y aquello aumentó el gusto que sentía. En esta nueva posición, al moverme, restregaba mis tetas sobre su pecho, con lo que los pezones se me pusieron aún más tiesos, y tan duros que casi me dolían. Dominada por el placer, busqué su boca, ya que quería besarlo como antes había hecho conmigo su compañero.
Me había olvidado por completo de Erick, hasta que de improviso noté sus manos que empezaban a acariciarme el culo a la vez que recorría mi espalda con ligeros y continuos besos. Por un momento pensé que debía tener una visión bastante excitante, colocado como estaba a mi espalda. Poco a poco fue descendiendo, y de pronto, separando mis nalgas, empezó a lamerme el estrecho agujero oculto entre las mismas. Al principio quedé inmovilizada por la sorpresa, pero las emboladas del cipote de Luis me hicieron reaccionar rápidamente. Recreándome en el placer que sentía, empecé a cabalgar de nuevo sobre mi desvirgador en busca de una nueva corrida.
Erick siguió lamiéndome el culo con tanta insistencia que al cabo de unos segundos sentí cómo el apretado agujerito se iba abriendo lentamente. Cuando el muy cochino consideró que estaba suficientemente relajado, dejó de lamerme y me fue metiendo un dedo lentamente; una vez que lo tuvo completamente dentro, empezó a moverlo como si fuera una pequeña pollita. Aquello me calentó de tal forma que pronto noté perfectamente cómo se me abría el "ojete" ante aquella nueva caricia, haciendo que en unos segundos se me quedase pequeño el dedo; entonces metió otro más, y empezó a hacerlos girar en un sentido y en el otro, a la vez que los iba separando. Cuando me tuvo bien abierta, sacó los dedos. Por un instante pensé que me iba a dejar en aquella situación y empecé a protestar. Pero me había equivocado de nuevo. Algo muy grueso y duro estaba empujand era alucinante sentirse bombeada al unísono por aquellas dos formidables mazas de carne, tanto que, en menos de un minuto, me llevaron al delirio.
Estaba en el séptimo cielo. Sentí crecer el orgasmo en mi interior y, cerrando los ojos, me dejé arrastrar por la lujuria más desenfrenada y empecé a agitarme como una posesa. Los gemidos aumentaron de intensidad y de pronto algo pareció estallar en mi vientre, a la vez que veía un montón de estrellitas de colores. Mientras me corría tuve la sensación de que el inmenso badajo de Erick engordaba aún más, a la vez que empezaba a lanzar en mi interior unos cañonazos de un líquido ardiente que me inundó por completo el culo. También Luis había acelerado sus acometidas, notaba la punta de la verga en el fondo de la vagina, aumentando la fuerza de mi corrida y corriéndose a su vez dentro de mi coño.
A pesar de que terminaron antes que yo, siguieron follándome lentamente hasta que yo terminé de agitarme. Tumbada sobre el pecho de Luis, con el culo repleto de semen, sentía cómo se iban aflojando y empequeñeciendo sus queridas pollas. Cuando al fin quedé completamente satisfecha me sacaron las dos vergas y me ayudaron a sentarme sobre el colchón. Noté cómo se salía la leche de mi abierto culo empapando el colchón; era tanta la cantidad que creí que no terminaría nunca.
Sentado frente a mí, Luis se había quitado el preservativo y, cuando vi la abundancia de líquido que encerraba sentí un escalofrío: si se hubiera corrido en mi pequeño coño sin aquella goma, me lo habría inundado.
Después de descansar un rato, nos vestimos y me preguntaron si quería volver al colegio. Era muy tarde, casi la hora de comer, así que les pedí que me llevaran a casa, porque estaba demasiado cansada como para andar cogiendo autobuses. Durante el trayecto permanecimos en completo silencio. Cuando finalmente llegamos ante mi casa, antes de bajarme de la furgoneta, me despedí de ellos y, roja como una amapola, les advertí que aunque aquella tarde no pensaba salir porque estaba muy cansada, sí lo haría al día siguiente. A pesar de que era sábado, pensaba volver al colegio con la excusa de las fiestas patronales, así que si lo deseaban podían recogerme allí mismo a las nueve de la mañana, y marcharnos a cualquier sitio para repetir lo que habíamos hecho esa mañana. Incluso estaba dispuesta a decir en casa que iba a comer en el colegio y que no volvería hasta la tarde, con lo cual dispondríamos de más tiempo para que me siguieran enseñando cosas.
Ante mi ofrecimiento empezaron a reír, y tras darme cada uno un beso en la boca, se despidieron de mí, no sin antes prometerme que estarían encantados de recogerme y ampliar mis conocimientos con nuevas experiencias al día siguiente.
Si queréis enviarme vuestros comentarios, podéis hacerlo a mi mail, en los siguientes relatos podré introducir las variantes que me indiquéis.
Autor: Erick-66 erick-66 ( arroba ) hotmail.com
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| C O M E N T A R I O S |
| Comentario enviado por: Anonimo |  |
vaya nunca habia leido una historia asi, se ve q lo viviste intensamente .Seguro q estas pensando en tu amiga como una futura hijita jajjajjjaa pero te recomiendo q te compres una bicicleta asi te evitas del problema del colectivo y de q te esteen recogiendo por ahi .a mi nombre es luis y mi correo es levems_0147@hotmail.com si puedes me envias nuevas historias amiga
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| Fecha de Publicacion: 26/10/2006 (dia/mes/año) |
| Comentario enviado por: Anonimo |  |
bueno yo no tengo mucho que decir solo que le digas a tu amiga que se vaya preparando para tener otra mama
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| Fecha de Publicacion: 08/05/2007 (dia/mes/año) |
| Comentario enviado por: Anonimo |  |
que culiadon te dieron ala otra trata de que sean tres y te inunden la boca de mecos(semen) mandame un saludo birol-0533@hotmail.com
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| Fecha de Publicacion: 29/07/2007 (dia/mes/año) |
| Comentario enviado por: Anonimo |  |
guao el relato es muy interesate eres muy buena en esto cuando crees que puedas escrivir otra historia como es ta a soy jesus
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| Fecha de Publicacion: 29/07/2007 (dia/mes/año) |
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